HÁBITOS DE PENSAMIENTO

CREENCIAS

La fuerza más poderosa que controla nuestra conducta.​

Las creencias son juicios arraigados, que obedecemos sin ser conscientes de ello y moldean nuestros comportamientos, pensamientos, nuestras relaciones y nuestros conceptos de felicidad y éxito en la vida.

Podemos decir que, las creencias son hábitos de pensamientos.

Las creencias las tienes, los pensamientos vienen a tu cabeza y ésta, es una buena noticia, ya que siendo consciente de tus pensamientos puedes cambiar o modificar tus creencias o por lo menos detectarlas.

Las creencias son verdades absolutas para uno mismo, no hay opiniones respecto a las mismas, son verdades para ti, por eso no las entendemos como opiniones. Disparan nuestras acciones y comportamientos.

Por lo que para cambiar determinadas acciones y comportamientos debemos comenzar por revisar nuestras creencias.

 

Merece la pena mencionar la diferencia entre CREENCIAS & CONVICCIONES. Las CONVICCIONES ni si quiera te imaginas que las cosas puedan ser de otra manera, por lo tanto, crean convictos=presos.

Por ejemplo, una idea la valoras pasando por el filtro de tus creencias, pero con una convicción puedes llegar a matar.

Las creencias están un nivel más abajo de las convicciones, pero también te tienen bien “agarrad@”, limitándote.

Las creencias no son ni verdad ni mentira, son todas verdad y mentira a la vez.

 Son las mentiras que nos decimos.

Lo que para nosotros es la absoluta verdad, esta mediatizado por uno mismo, es decir, esta canalizado por:

  • TÚ percepción humana y los órganos de los sentidos.
  • TÚ atención a lo que te rodea.
  • TÚ interpretación de una misma sensación y/o información que crea tú película según tus filtros.

NUESTRAS CREENCIAS SON NUESTRAS MENTIRAS, y aunque son mentiras, son verdades para el que las tiene y va a actuar en función de ellas.

Las creencias son la base de nuestra autoestima. Cuando nos queremos, nos valoramos y esto está directamente vinculado con las creencias que poseemos sobre nosotros mismos y de nuestro entorno. 

Las creencias son también la base de nuestro carácter, forjan nuestra forma de ver el mundo, nuestro mapa y nuestro modo de comunicarnos con nosotros mismos y con los demás.

Las creencias influyen en nuestra experiencia sensorial, en nuestros valores, en nuestros estados internos (que actúan como filtros y nos dan el ímpetu y motivación para nuestras acciones), en nuestras expectativas, …

Las creencias son tan poderosas que las contagiamos, son como un virus.

En relación con la entrada del blog que explica los orígenes del coaching de hace unas semanas, cabe hacer mención al famoso Triple Filtro Sócrates, destacándolo como gran ejemplo vinculado con las creencias o percepciones que cada uno tiene, lo “contagiosas” que pueden llegar a ser y lo fácilmente que se transmiten.

Como ya sabemos, muchos y muy variados son los padres del Coaching, sin embargo, uno de sus orígenes más antiguos es Sócrates, quien a través del término «Mayéutica» bautizó metafóricamente su principal método de llegar al conocimiento. El filósofo promovía el uso del diálogo como la forma de ayudar a sus discípulos a alcanzar un conocimiento superior. Se sentaba a conversar con ellos y mediante diversas preguntas, lograba que dieran a luz sus ideas y sacaran de su interior la verdad que hasta ese momento había permanecido oculta.

Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y dijo:

– “¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?”

– “Espera un minuto -replicó Sócrates-, antes de decirme cualquier cosa, quisiera que pasaras un pequeño examen.

 

Es llamado el examen del “Triple filtro.”

– “¿Triple filtro?”

– “Correcto”. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decir.

Es por eso, que lo llamo el examen del triple filtro:

 

El primer filtro es el de la verdad:

“¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?”.

– “No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y……..”

– “Bien, entonces realmente no sabes si es cierto o no”.

 

Ahora permíteme aplicar el segundo, el filtro de la bondad:

“¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?”

 – “No, por el contrario………”

– “Entonces -continuó Sócrates-, tú deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Tú puedes aún pasar el examen, porque queda un filtro.

 

El filtro de la utilidad:

“¿Será útil para mí lo que vas a decirme de mi amigo?”

– “No, realmente no”.

– “Bien -concluyó Sócrates-, ¿si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, por qué decírmelo?”

Las personas mueren, las creencias no.

¿Como se instalan? ¿Dónde se originan estas creencias?

Las adquirimos en nuestra infancia, etapa en que las ideas se graban automáticamente en nuestro subconsciente. Especialmente durante el proceso de socialización: antes de los 7 años. En ese período al no intervenir la mente consciente y racional, todo lo que vemos y escuchamos, lo grabamos y archivamos directamente, sin cuestionarlo. 

Puede ser por situaciones heredadas de los padres, heredadas del colegio, profesores, o de situaciones que te generaron alguna dificultad con un compañero del colegio, que te dijo algo y tú lo creíste, y ahí empezaste a crear una percepción de lo que eras capaz de hacer en ese momento, y de cómo actuar en ese momento ante esa situación, o por familiares que tambien generaron esa percepción de ti, e incluso de los medios de comunicación en general que influyen tan directamente.

Creencias como que la tierra es redonda, el átomo o la célula, no las hemos experimentado por nosotros mismos.

Frecuentemente, pensamos que “no podemos” hacer tal cosa sencillamente porque un día, hace mucho tiempo, lo intentamos y no lo conseguimos. O alguien cercano (familia, amigos, educadores, opiniones de los demás,….) nos dijo que no podríamos hacerlo, que no servíamos para tal cosa, o no teníamos la capacidad suficiente para lograrlo. Ese recuerdo queda grabado en nuestro inconsciente y ante una situación similar, esta creencia es el primer pensamiento que se nos presenta y lo tomamos como una certeza, sin cuestionarla en absoluto. 

Muchas veces ignorando que, en nuestra etapa adulta poseemos otras capacidades, otros conocimientos o recursos, estamos mejor preparados, pero esta creencia en nuestra mente nos frena, y nos impide actuar.

Además, quiero destacar que, las creencias también se pueden transmitir por tonos de voz, gestos, …, toda la comunicación no verbal que nos acompaña mientras comunicamos y nos relacionamos, haciendo que nos llegue a limitar dificultándonos la comunicación y por ende, nuestra relación con el mundo que nos rodea.

Influye también el lugar o la posición que ocupas en la familia, si eres el mayor o el pequeño, el primer hijo suele llevar mayor carga, …., esto se denomina personalidad sistémica, de la que hablaremos en siguientes entrada del blog. Y todo esto va con nosotros en nuestras “mochilas” y son las que articulan tu vida.

Nuestro cerebro aprende a saber qué esperar de cada momento

La neuropsicología ha descubierto que nuestro cerebro aprende a saber qué esperar de cada momento; es decir, si esperamos que el próximo examen vamos a suspenderlo, probablemente estudiaremos menos, y entonces este pensamiento negativo se hará realidad. O si esperamos que en la próxima reunión de trabajo prefieres mantenerte callado ya que apenas voy a hablar porque una vez en la Universidad me salió mal hablar en público, no voy a probar el hacerlo de nuevo.

 

Por tanto, estas ideas o pensamientos actúan como profecías auto-cumplidas, ya que actúan como puertas o barreras a lo que podemos hacer. Si crees que eres agradable, entonces te acercarás a los demás de forma más abierta. Si crees que no lo eres, te retraerás ante los demás y los demás te verán como tus haces que te vean.

 

Las creencias siempre fundamentan dos posturas, las dos caras de la moneda, de tal manera que te ayudar a ver el “otro lado”, que es lo que te va ayudar a reflexionar y hacerlas conscientes.

Te propongo un ejercicio de autorreflexión:

Yo no soy…. (ejem: valioso). Escríbelo en una hoja y escribe el motivo.

Por otro lado, escribe lo contrario, (Soy valioso). Ahora escribe tres argumentos que demuestren que esto es verdad.

 

Recuerda que, tienes razón tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, ambas convicciones tienen un gran poder.

Pregúntate, ¿Cuáles son tus verdades?

De esta manera encontraras tus creencias.

La película estadounidense El Secreto es un buen ejemplo del tema que estamos tratando.

Cuenta cómo desde hace un año la vida de la protagonista comenzó a desmoronarse. Estaba exhausta, su padre murió repentinamente, sus relaciones con sus compañeros de trabajo y seres queridos eran desastrosas, etc. Pero poco se podía imaginar que, de esa desesperación, le llegaría el mayor de los regalos.

Rodada en formato de documental, presenta la hipótesis pseudocientífica llamada Ley de la Atracción (es la creencia pseudocientífica de que los pensamientos (conscientes e inconscientes) influyen sobre las vidas de las personas, argumentando que son unidades energéticas que devolverán a la persona una onda energética similar a la emitida. (Esta idea carece de respaldo científico y está considerada como pseudociencia).

Esto significa que los pensamientos (emociones, creencias, anhelos, etc) que una persona posee (sean estos conscientes o inconscientes), provocan consecuencias afines a lo que se desea.

Nuestras creencias acerca de nosotros mismos y de lo que es posible en el mundo que nos rodea tienen un gran efecto sobre nuestra eficacia cotidiana. Todos tenemos creencias que nos sirven como recursos y también creencias que nos limitan. (INDAGAMOS EN LAS MISMAS EN LA SIGUIENTE ENTRADA DEL BLOG)

Desde un proceso de coaching no te enseñamos otras creencias, sino que te “movemos” de tu creencia con la que estas acomodado para que experimentes por lo menos el otro lado de las mismas, es decir, que veas también el blanco, o que veas mas mundo, o verlo desde arriba, o desde un lado no habitual para ti, desde abajo quizás, desde 3 pasos hacia atrás, …

Sobre la autora de Post

Si has leído el post, y has sentido curiosidad e inquietud, has sentido lo mismo que yo al comenzar mi andadura en este mundo.
Si te apetece probar, quieres más información, deseas comenzar un proceso de Coaching para conseguir una mejora en tu vida, profundizar en autoconocimiento limitante, o simplemente para lograr un cambio en tu vida personal o profesional.
Cuenta con mi ayuda y colaboraré contigo para que LO CONSIGAS.

BEGOÑA MOYA LAZARO
Coach certificada por EFIC y ASESCO
Practitioner en PNL por IPH

info@tuinfinitamente.com

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